Correr

Este invierno pasado solía correr en Nofuentes, mi pequeño pueblo del norte de Burgos. Anochecía pronto y las posibilidades de encontrar un lugar iluminado para hacerlo eran muy pocas. Así que me acostumbré a correr aprovechando el trazado de la vía verde que, inacabada, pasa muy cerca del pueblo. Una cinta rectilínea de tierra que parece no tener principio ni fin.

Fueron unas carreras inolvidables, vivencias llenas de una intensidad diferente, instintiva, salvaje en el más hermoso de los sentidos.

A la luz de un frontal podía alejarme 8 o 10 kilómetros de cualquier lugar habitado y atravesar así la noche que vive en los pequeños bosques de quejigos, en las riberas del Nela o en los cultivos de cereal que entonces apenas eran enormes campos de tierra abierta a los lados de la línea de tierra compactada sobre la que corría.

Nunca corrí solo. Porque esa noche está llena de vida. Sombras furtivas, ojos iluminados por la escasa luz del frontal o rumores de pisadas huidizas en la hojarasca.

Pero sobre todo estaba yo. Ahí dentro, detrás, debajo, luego de esa luz oscilante, justo antes de la efímera nube de vapor de mi aliento. Yo era capaz de sentirme a mí mismo de una manera excepcionalmente real y física. Estaba vivo.

Estos días en Bilbao he corrido en los horarios fijos que nos marca la ley. En abarrotadas aceras y paseos rodeado de desconocidos. Siempre solo. En medio de ese silencio que nace del ruido de las conversaciones de los otros.

Corría y recordaba la cinta blanca de tierra, la noche oscura, la niebla que muchas veces me rodeaba y me regalaba juegos mágicos de luces bailando ante mis ojos. Recordaba y deseaba el invierno y el frío de Nofuentes.

Ahora corro por estas calles que me devuelven a una casa que no es mi casa y me esfuerzo en sentir, en soñar con que al doblar no se qué esquina de no se qué calle todo será noche, todo será invierno y será niebla y yo sea yo atravesando los bosques donde anidan los ruidos de la noche. Donde vuela el humo de mi aliento helado.
Magia, le pido magia a esta noche amaestrada.
Pero aquí solo corro.