Perro y yo

perro
Se llamaba Terri, pero yo le llamaba perro. Bueno, hasta que me enteré de que su nombre era ese, Terri. Pero eso fue casi llegando de nuevo a su pueblo, a su casa. Y ya nos daba igual.
Perro, Terri, salió todavía no se de donde mientras de mañana muy temprano yo dejaba las últimas casas de Brañosera de camino al monte. Alegre, adelante y atrás sin parar, olisqueando matas y piedras aquí y allá. Feliz, creo, corría tras de mí cuando yo corría. Pícaro, seguro, se volvía a mirarme cuando yo, resoplando, dejaba de correr.
Pasado ya un buen rato y en una revuelta del camino vimos Perro y yo las casitas de Brañosera abajo en el valle. Se alzaban perezosos algunos humos y resonaban lejanos los sonidos del pueblo desperezándose: un tractor, una campana, un perro. Terri alzó sus orejas peludas girando levemente la cabeza. Le hubiera entendido, arriba siempre hay menos que abajo, por eso se me dibujó una sonrisa muy adentro cuando enseguida sentí tras de mí su carrera juguetona. Seguir leyendo

Perdido en la niebla

molinos
Niebla del norte que odia el sur. Niebla que se resiste a dejar el bosque que le da cobijo.

Y yo caminando perdido en mi propia niebla mientras una presencia amenazante no deja de acompañarme. Una respiración aguda y rítmica. Un silbido cortado a cuchillo cada vez más fuerte, cada vez más próximo.

Corro a la modesta cumbre, anónima, olvidada, ideal para perdidos, para náufragos de domingos por la mañana. Mi respiración alocada no logra tapar ese siseo agudo que ahora parece cortar tiras de niebla y arrojarlas contra mí. Intuyo más que veo la mínima estructura que jalona la cima, nada importa. Mi cuerpo se tensa agotado por la carrera y por el terror ante la evidencia, ante la seguridad de no poder evitar descubrir la verdad oculta. Desearía que la niebla lo tapará todo. Todo, siempre.

Y aparece la bestia como un enorme barco a la deriva, barco de inútil hélice sin agua que golpear. Naufragio sin supervivientes en una cima perdida.

No hay niebla que oculte a mis monstruos. Corro al valle pero todavía ahora le escucho respirar.

Se que estás ahí.

 
 
 

El corredor

El corredor. Luis Ibergallartu

La soledad es esto,
la soledad soy yo corriendo en la noche.
Queriendo siempre volver, incapaz de parar.
Y correr. Correr por no parar, por no volver, por ir más lejos, por no ir a ningún sitio, por no llegar jamás.
Correr y no estar nunca en ningún sitio, no ser nada, nunca.
Correr hacia ti, sin ti. Jamás.