Perdido en la niebla

molinos
Niebla del norte que odia el sur. Niebla que se resiste a dejar el bosque que le da cobijo.

Y yo caminando perdido en mi propia niebla mientras una presencia amenazante no deja de acompañarme. Una respiración aguda y rítmica. Un silbido cortado a cuchillo cada vez más fuerte, cada vez más próximo.

Corro a la modesta cumbre, anónima, olvidada, ideal para perdidos, para náufragos de domingos por la mañana. Mi respiración alocada no logra tapar ese siseo agudo que ahora parece cortar tiras de niebla y arrojarlas contra mí. Intuyo más que veo la mínima estructura que jalona la cima, nada importa. Mi cuerpo se tensa agotado por la carrera y por el terror ante la evidencia, ante la seguridad de no poder evitar descubrir la verdad oculta. Desearía que la niebla lo tapará todo. Todo, siempre.

Y aparece la bestia como un enorme barco a la deriva, barco de inútil hélice sin agua que golpear. Naufragio sin supervivientes en una cima perdida.

No hay niebla que oculte a mis monstruos. Corro al valle pero todavía ahora le escucho respirar.

Se que estás ahí.

 
 
 

El corredor

El corredor. Luis Ibergallartu

La soledad es esto,
la soledad soy yo corriendo en la noche.
Queriendo siempre volver, incapaz de parar.
Y correr. Correr por no parar, por no volver, por ir más lejos, por no ir a ningún sitio, por no llegar jamás.
Correr y no estar nunca en ningún sitio, no ser nada, nunca.
Correr hacia ti, sin ti. Jamás.