Amazon pasa de editores

Esta semana se publicaba una noticia con la intención de Amazon de prescindir de las editoriales y publicar libros por sí misma.

La noticia ha sido recibida, mayoritariamente, con alegría. Como una contribución a la “democratización” de la cultura: saltarse al editor equivale a evitar a un intermediario, a reducir costes y beneficiar al autor, que ganará más dinero con sus creaciones. El lector, por fin, accederá a las obras por menos dinero. La idea general es ahora los autores no tendrán que buscar una editorial y podrán publicar directamente con los proveedores de contenido.

Todas estas reflexiones pueden ser ciertas o no tanto. Es lo que tienen las generalidades. El mundo editorial –dicho así, a lo grande– es mucho más amplio y más complejo que todo eso. Nadie habla de dos agentes fundamentales (en muchos casos incluso los mezcla o identifica erróneamente) que intervienen, y de qué manera, en el encarecimiento del producto editorial: el librero y sobre todo el distribuidor.

Y es que si tenemos que generalizar no podemos cargar todas las culpas contra una figura a quien el negocio y el arte del libro debe tanto;  el editor.

El editor, como definición, es un individuo que trata de localizar contenidos que interesen a un hipotético público. O incluso trata de dar con autores capaces de generar esos contenidos. En muchas ocasiones se implica con el autor en el hecho creativo o cuando menos trata de dar directrices a éste para que su obra mejore y facilite así su acceso al público.  A partir de ahí y con la obra en la mano, y ya como empresario, valora el riesgo en el que él (y solo él) va a incurrir al reproducir ya industrialmente esos contenidos y colocarlos en un mercado puro y duro. Todo es riesgo, nada es seguro.  El famoso punto  muerto. Luego entran en juego los dos actores que citábamos arriba y que darían para un post completo: el distribuidor y el librero.

Es evidente que el editor, en general, no está sabiendo reaccionar ante la avalancha de cambios que sufre su entorno. El suelo se le mueve cada día bajo sus pies y trata de buscar su lugar en el nuevo escenario de juego. En el nuevo juego en realidad. Pero el editor no debiera desaparecer en el proceso de publicación de una obra. Por su propio bien pero también por el bien de la calidad de lo que se publica y por el bien desde luego del autor. El autor, es verdad, va a poder publicar todo. Es así, sobre todo si lo paga él. Porque la noticia de Amazon no específica su modelo de negocio y podría ser que (como en plataformas que ya existen) se trate de que actúe como un impresor 2.0 que recibe, vuelca, convierte y espera a que el autor haga de vendedor;

–que dices que vas a vender 100, primero me los pagas y luego tú mismo,

–que eres muy moderno y quieres formato digital, estupendo, pero yo quiero mi comisión. Aunque gracias a ti me esté forrando vendiendo el “hard” , la llave de oro que da acceso a este universo plácido y justo.

Y por fin están las historias, esas que se cuentan en los libros. Algunos pensarán que está muy bien que haya miles, cientos de miles de historias a las que acceder. Pero no nos olvidemos de que siempre ha habido buenas y malas historias.  Historias que han quedado olvidadas para siempre (tal vez porque nadie fue capaz de acabar de leerlas) e historias inolvidables que todos desearíamos volver a leer. Claro que eso al Kindle o al iPad les da igual.

Leave a Comment