5 libros 3 euros

Historias de las historias
El viernes compré unos libros. Los vendían en la puerta de una tienda que ya no ofrecía otra cosa que un cartel que anunciaba su cierre. Y otro más pequeño, fuera sobre una pequeña mesa de madera, donde, escrito a mano se decía lo de los libros.
5 libros 3 euros. Y una pila de libros, de esos gorditos y con cuidados diseños de cubiertas y lomos.
–No, si yo no vendía libros, los tenía en mi casa, pero, ya ves –me explicó la mujer sin disimular su tristeza.
Y devolviéndome los dos euros del cambio –Al menos así, otros podréis volver a disfrutar leyéndolos. No son malos, ya verás.
Ya veré –pensé. Leeré, imaginaré, soñaré.
Al llegar a mi casa comencé a hojear los libros. Miles de letras negras desfilaban ante mis ojos ordenadas en ejércitos de párrafos. Palabras, frases inconexas: …el viejo Bosia no disponía… …al borde de lo que quedaba del parque…
Y de repente, agazapados detrás del cuerpo 24 de los títulos de los capítulos, descubrí al mayor Pettigrew y a la señora Ali. Regresaban exhaustos desde el fin hacia el principio de su historia, malhumorados por tener que volver a sufrir tanto para terminar juntos y enamorados de nuevo. Y luego fueron Mel y Besa que volvían a estar vivos pero dibujaban en sus rostros el terror de saber que de nuevo serían asesinados y ultrajados por familias de urcas.
Mujeres que se despedían de sus hijos con la esperanza de que yo eligiera ya su historia y la abriera pronto para así concebirlos, parirlos, amarlos de nuevo. Aunque ahora ya sabían, ya lo habían vivido, que aquellos hombres no les amaban, y que como vinieron se marcharían.
Ricos que volverían a ser pobres, vírgenes que conocerían la brutalidad de esos hombres que ahora regresaban con ellas al capítulo uno de sus historias, de mis historias.
Cerré todos los libros. El viernes era ya todo noche. La historia, mi historia, me esperaba. Y salí.